“Con las piedras que me arrojáis construyo los escalones que llevan a mi casa”

Emprender en tiempos de crisis parece una tarea relegada a un segundo término casi residual, y corre el peligro de olvidarnos que es un pilar fundamental para la creación de riqueza social y económica. Da la sensación de que muchos jóvenes y no tan jóvenes  optan por esta alternativa casi por obligación como vía de escape y obtención de un puesto de trabajo. Pero emprender significa mucho más que asegurarse un puesto de trabajo y no se limita únicamente a ser empresario, montar un negocio o tomar una iniciativa con fines lucrativos.

El término emprendedor está estrechamente relacionado con el vocablo francés entrepeneur, que aparece a principios del siglo XVI haciendo referencia a los aventureros (militares o no) que viajaban al Nuevo Mundo en búsqueda de flamantes oportunidades y de sueños desconocidos sostenidos por la esperanza de un mundo mejor. Emprender tiene una clara relación con el proceso de enfrentar la incertidumbre como escribió el escritor fránces Richard Cantillón en 1755. Por tanto, emprender, fomentar y facilitar el emprendimiento se vislumbra como una de las claves  para afrontar estos momentos de crisis e incertidumbre. Estamos quizás algo mal acostumbrados a emprender bajo un prisma demasiado conservador, con grandes resultados económicos, desde la seguridad del éxito a corto plazo y el colchón financiero de un banco que no ponía problemas de crédito.

Joseph Schumpeter ya reconoció a principios del siglo XX al emprendedor como centro del sistema económico. “La ganancia proviene del cambio”, escribió, y el cambio es producido por el empresario innovador. Para Schumpeter la innovación era la razón de ser del entrepeneur. En el contexto económico actual la necesidad de innovar, generar riqueza y desarrollar el potencial creativo se empieza a asociar con mayor fuerza en las pymes, capaces de adaptarse y mostrarse camaleónicas. Pero primero hay que generar un sistema lo suficientemente “libre” capaz de trascender y librarse de la enorme concentración monopólica de grandes empresas estatales y privadas y la burocracia y acciones de “megamarketing” de la que éstas organizaciones pueden adolecer.

Una nueva generación de emprendedores es necesaria. Una generación que se extraiga la espina de la generación mileurista para empezar a ser una generación mileurista emprendedora. Una nueva generación capaz de crear desde el principio riqueza no sólo económica sino también social, ecológica y sistémica que ponga a la persona en el centro de la diana. No nos falta preparación pero si confianza y sacrificio. Es la metamorfosis necesaria en tiempos de cambio, en los albores de una nueva década que a muchos pilla a contrapié. Sin embargo, parece que la administración pública no está mostrando un fuerte compromiso (eliminando ayudas a jóvenes emprendedores, limitando subvenciones al alza, etc.) aunque si se destinan fondos para ayudas a empresas de base muy tecnológica, contando ayudas indirectas a través de organismos intermedios y centros tecnológicos que acaban diluyéndose en el camino hacia la empresa final. Y si decides ir por tu cuenta a una entidad financiera, ya puedes tener un buen proyecto que parte con menos del 20% de posibilidades de que te concedan un crédito.

Las cosas no pintan fáciles, pero realmente nadie nos prometió nunca que las cosas fueran a ser sencillas, así que incluso en los momentos de adversidad, surgen ideas frescas para conceptos tradicionales. Como dice un buen amigo, “A buen emprendedor pocas palabras bastan”. Así que veremos en los próximos artículos algunos casos que nos muestran cómo es posible generar ideas y reciclar paradigmas enraizados desde el esfuerzo, la ilusión y la perseverancia, trascendiendo las barreras de la adversidad manifiesta en momentos de cierta desconfianza en la capacidad transgresora y creativa de las personas.

El ser humano ha sido capaz de afrontar con éxito las situaciones adversas que han acontecido en su historia. Lo importante ahora es que no perdamos la confianza en nuestra capacidad emprendedora y seamos capaces de sacar partido de las oportunidades que se nos abren en un momento desconocido y sin referentes sin dejarnos abatir por la desconfianza

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