Andrés Carne de Res BogotáEste es el caso de un lugar especial con alma propia forjada con ilusión y esmero, de visita obligatoria si vas a Bogotá. Dicen que el juez Baltasar Garzón acabó bailando rumba encima de una mesa y que directivos del Real Madrid jugaron entre sus mesas un partido de fútbol. Los datos: 500.000 comensales al año, 850 empleados y  250 camareros. Un lugar lleno de música, arte y teatro que cuenta con pista de baile y Dj´s. Han peregrinado por él personajes como Shakira o Gabriel Garcia Márquez. No se trata de ningún experimento multinacional, sino del circo de Andrés Jamarilla (43 años), un emprendedor colombiano medio bohemio que decidió empezar en junio de 1982 junto a su mujer, el teatro gastronómico que tiene por nombre Andrés Carne de Res, un “restaurante-bar-bailadero” ubicado en Chía, a las afueras de Bogotá. Tenía 24 años y no sabía qué hacer con su vida, pero estaba convencido de que había que hacer algo. Empezó con 20 mesas y ahora ya van por las 300. Hay que moverse, aunque muchas veces no estemos seguros de hacia dónde vamos, pero hay que moverse.

No se puede definir muy bien que es Andrés Carne de Res (ACR), pero los clientes acuden en búsqueda de una experiencia,  en una celebración de la vida.  Cacharros, santos, esculturas, luces y latas van dibujando cada rincón del lugar, de forma especial y única. Personajes varios, diablos, pachangas carnavaleras y  performances espontáneas. Sólo abre de jueves a domingo, el resto de la semana preparan el show, retocan el sitio, crean el ambiente, gestionan la experiencia para ser irrepetibles. Vallenatos, rumbas bogotanas y música electrónica ochentera se baila hasta pasadas las 3 de la mañana.

Lo sorprendente y esperanzador de este caso es como una empresa con un solo punto de venta haya podido crear lo que llamaría el autor bestseller de innovación Chan Kin un “océano azul”, es decir un espacio único y difícilmente imitable que no compite ni se adapta a ningún mercado, sino que crea un mercado nuevo, un mundo nuevo con sus propias circunstancias.  “Uno de los secretos es no planificar nada” afirma el creador de ACR, una especie de caos organizado donde la improvisación y la capacidad de adaptación son claves. La estrategia consiste en situar al cliente en el centro del universo ACR (un consejo: no digas que es tu cumpleaños si eres tímido). En su página web puedes hacer tu factura electrónica y pre-calcular el precio de lo que te gustaría comer antes de ir al lugar. Nada más entrar te consignan sin previo aviso todas tus pertenencias “incómodas”, sino te gusta no les pagas y después del festín que se alarga hasta la madrugada, todo lo que la gente deja olvidado se fotografía y lo cuelgan en su web.

 “Emprendí un negocio que ha sido básicamente intuitivo. El caso de esta empresa como el de muchas es el de crecer a partir de sí mismas, en un proceso muy lento y en ocasiones doloroso” manifiesta Andrés.

ACR es como el bambú japonés, un árbol cuyo crecimiento es lento, no pasa nada con la semilla durante los primeros siete años, sin embargo, durante el séptimo año, en un período de sólo seis semanas, la planta de bambú crece… ¡más de 30 metros!.

El éxito es un proceso que lleva tiempo y dedicación, primero tenemos que establecer un sólido “sistema de raíces” que nos permita crecer firmes. Cojan fuerzas y valentía, la única manera de alcanzar algo es atreviéndose a alcanzarlo y persistiendo en ello.

www.andrescarnederes.com

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